jueves, 25 de septiembre de 2014

La siesta.

Acrílico y pastel sobre lienzo de 50x50.
No soy consciente de haber dormido la siesta hasta que tuve diecinueve años. A esa edad, tenía que aprovechar el mediodía para estudiar el manual del carnet de conducir. En esos momentos, ante lo entretenido de la lectura, un irremediable sopor me empujaba a recostarme y dar una "cabezadita". Poco a poco ese ratito de ausencia se convirtió en costumbre, y ahora, en los días que no tengo siesta,
siento que mi cansancio se triplica. Además, me gusta tumbarme en la cama y dormir a oscuras, pues cualquier cosa me desvela. Vamos, casi casi como Camilo José Cela, que decía practicar la siesta de pijama y orinal.
De la siesta hay gente que despierta malhumorada, o más cansada; parece ser que el factor clave que diferencia un descanso reparador de un mal descanso es la duración de la misma. Yo estoy todo el tiempo que me es posible, y duermo tan profundamente que a veces sueño, y hasta me despierto dudando si es de día o de noche.
Curioso resulta como denomina la gente a ese momento reparador. En Asturias decimos que echamos un "pigazu", las señoritas finas simplemente se quedan "traspuestas", los hay que dicen que estuvieron "mirando para dentro" o, como decía un tío mío, que lo visitó "el hombre del mazo".
¿Tú conoces alguna expresión diferente para la palabra siesta?


3 comentarios:

  1. Buenos días, Lucía:
    Felicidades por el cuadro.

    A mí me ayudaban a caer dormido los apuntes de Filosofía de COU, creo que en vez de profesora me tocó una marmota y acercarme a sus efluvios fonéticos me sumía en la inconsciencia. Durante años, guardé aquellos textos tediosos como aguas del sueño en las que todo chapuzón suponía una feliz dormitada.
    Como eufemismo para “siesta” me suena lo de “echar una cabezadita” o “reposar la comida”.
    Buen finde.
    Un abrazo, Lucía.

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    1. Buenos días, Sr. Ortea:

      Ciertamente, un profesor cansino puede ser un maravilloso inductor del bostezo, la cabezada y el sueño.
      Aunque tuve profesores estupendos, de esos que nunca se olvidan, también me tocó alguno tedioso, y sólo de acordarme de algunas clases se me cierran los párpados.
      ¡ Feliz domingo y buena siesta!

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