sábado, 9 de agosto de 2014

"La Mercedes"

Mixto sobre tabla 90x60.

"La Mercedes" representa las vacaciones de verano de la niñez. Ese período entre finales de junio y principios de septiembre en que, después de memorizar los ríos de España, las cordilleras y el Teorema de Pitágoras, dejábamos de madrugar y la piel se nos volvía color canela y el cabello se aclaraba.
Este cuadro trata de un verano de hace muchos años, cuando los niños tenían ocasión de explorar los alrededores y sólo se requería su presencia al toque de queda de la comida o la cena.
En esa época, sin móviles, ludotecas ni guarderías, los niños se encontraban de un día para el otro en la playa, en el parque o en la plaza del pueblo. Utilizaban la bici sin casco y la dejaban sin candado por ahí, sin temor a perderla.Y en la playa, con la única limitación de "esperar a hacer la digestión" para bañarse, eran los reyes de los pedreros y las cuevas.
Si había hermanos mayores, los pequeños tenían permiso para cosas como salir a pasear en barca, como es este caso, o quedarse hasta las tantas en las fiestas del pueblo.
Los accidentes y las heridas eran relativamente frecuentes, lo que no era tan habitual era salir pitando para urgencias, cosa ridícula cuando en cualquier casa existía el alcohol de 96º y la mercromina; que casi dolía más la aplicación del alcohol que el raspón en sí mismo. Eso sí, luego se lucían las tiritas y las postillas a modo de medallas o marcas de "tío duro", pues por entonces sólo llevaban tatuajes los marinos auténticos.
Las meriendas consistían en bocadillos de chorizo o un trozo de pan con unas onzas de chocolate, a palo seco, sin batidos ni zumitos, que ahora los bolsos de las madres compiten de igual a igual con el de Mary Poppins.
El surtido de los quioscos incluía básicamente regaliz rojo y negro, chicles, caramelos de eucalipto, toreras, cebollitas y pepinillos en vinagre. Eso, y los tebeos, que comprábamos con la paga de los domingos después de misa.
Era una época en la que había que cuidar la ropa para que el hermano siguiente la heredase en buen uso, y en la que el ideal estético de las niñas, lejos de ser el de unas grotescas prótesis mamarias, era tener una melena larga y rubia.
Todos usábamos expresiones como "chincha revincha" o "la trampa rescampla" y no hacían falta tantas alusiones a una dudosa profesión materna como se oyen ahora, los juguetes no se compartían con facilidad, y ser el dueño del balón daba el rango de jefe del juego.
En muchas cosas hemos mejorado, afortunadamente, pero si en algo han perdido los niños de ahora, creo que podría ser en falta de libertad y quizás en falta de espontaneidad, por mucho poder adquisitivo y muchas "maquinitas" que dominen, ¿o será que yo lo recuerdo así?

9 comentarios:

  1. Hola, Lucía:
    Un gran cuadro y un texto excelente.
    Felicidades.

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    1. Hola, Nino:
      Los niños, y particularmente en verano, son uno de mis motivos favoritos. Con el texto creo que se pueden identificar muchas personas que hayan pasado su infancia en los setenta y los ochenta.
      ¡Gracias!

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  2. Simplemente maravilloso. Se de alguien muy afortunado por tenerte cerca.

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  3. Solamente puedo decir que es precioso, conmovedor y muy evocador. La verdad es que se de alguien muy afortunado por tenerte cerca.

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    1. Ignacio, me gustaría que pudieras ver el cuadro al natural. Ese niño que se gira para mirar a la cámara era guapísimo. La verdad es que las expresiones y las poses de esos tres "piezas" me resultaron muy inspiradores, no sólo por recordarme mis propios veranos, sino porque en cada uno de ellos se adivina un carácter marcado y una personalidad distinta.
      Me encanta que te guste el cuadro y agradezco tu comentario de corazón.

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  4. Una preciosidad Lucía, el cuadro y tus palabras, y sí.... me siento muy identificada. Gracias por esos recuerdos.

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    1. Gracias Lourdes, me alegra mucho ver que puedo conectar y compartir territorios comunes con otras personas. Eso es muy reconfortante para mí. Un beso.

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  5. Me encanta, tengo recuerdos muy parecidos.

    En cuanto a la "falta de libertad y quizás falta de espontaneidad" de los niños de ahora, es tarea nuestra, de papás y mamás que no sea así.

    Como van a ser libres y espontáneos si no les dejamos pensar por si mismos?
    En general (insisto, en general) no son tratados como personas, sino como robotitos, teledirigidos, se le sobreprotege y se les inculcan rutinas y rutinas que ya les marcan unas líneas a seguir (las mismas para todos) desde el primer momento.
    Ahora ya tienen sus cacharritos en las manos que les emboban y que se les dan para que no molesten mucho, así todos contentos.
    (Ojo, los videojuegos tienen su utilidad y beneficio, pero ¿cuanto tiempo se pasan al día con las consolas? Moderación)

    No, no son libres los niños de hoy, ni son independientes, porque no les dejamos... y cuando se vuelven adolescentes se rebelan o se frustran, porque no saben enfrentarse a los problemas...

    ¿Pero somos libres e independientes los adultos?

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    1. Lo que yo observo y me alarma, es la creciente impaciencia de los padres y educadores para con los niños. Hay que recordar que son niños, que tienen sus tiempos, que son distintos a nosotros, que deben escoger su propio camino.

      Gracias por tu participación, Ignacio.
      Un abrazo.

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