sábado, 23 de agosto de 2014

Toallas I

Acrílico sobre lienzo.
Como ya escribí mi reflexión sobre este tema en "Toallas II", hoy quiero dejaros aquí una poesía de la genial Gloria Fuertes, que desde pequeña me atrapa con sus poemas tan tiernos y transgresores:

Geografía Humana

Mirad mi continente contenido
brazos, piernas y tronco inmesurado,
pequeños son mis pies, chicas mis manos,
hondos mis ojos, bastante bien mis senos.
Tengo un lago debajo de la frente,
a veces se desborda y por las cuencas,
donde se bañan las niñas de mis ojos,
cuando el llanto me llega hasta las piernas
y mis volcanes tiemblan en la danza.
Por el norte limito con la duda,
por el este limito con el otro,
por el oeste Corazón Abierto
y por el sur con tierra castellana.
Dentro del continente hay contenido,
los estados unidos de mi cuerpo,
el estado de pena por la noche,
el estado de risa por el alma
-estado de soltera todo el día-.
Al mediodía tengo terremotos
si el viento de una carta no me llega,
el fuego se enfurece y va y me arrasa
las cosechas de trigo de mi pecho.
El bosque de mis pelos mal peinados
se eriza cuando el río de la sangre
recorre el continente,
y por no haber pecado me perdona.
El mar que me rodea es muy variable,
se llama Mar Mayor o Mar de Gente
a veces me sacude los costados,
a veces me acaricia suavemente;
depende de las brisas o del tiempo,
del ciclo o del ciclón, tal vez depende,
el caso es que mi caso es ser la isla
llamada a sumergirse o sumergerse
en las aguas del océano humano
conocido por vulgo vulgarmente.
Acabo mi lección de goegrafía.
Mirad mi contenido continente.


sábado, 9 de agosto de 2014

"La Mercedes"

Mixto sobre tabla 90x60.

"La Mercedes" representa las vacaciones de verano de la niñez. Ese período entre finales de junio y principios de septiembre en que, después de memorizar los ríos de España, las cordilleras y el Teorema de Pitágoras, dejábamos de madrugar y la piel se nos volvía color canela y el cabello se aclaraba.
Este cuadro trata de un verano de hace muchos años, cuando los niños tenían ocasión de explorar los alrededores y sólo se requería su presencia al toque de queda de la comida o la cena.
En esa época, sin móviles, ludotecas ni guarderías, los niños se encontraban de un día para el otro en la playa, en el parque o en la plaza del pueblo. Utilizaban la bici sin casco y la dejaban sin candado por ahí, sin temor a perderla.Y en la playa, con la única limitación de "esperar a hacer la digestión" para bañarse, eran los reyes de los pedreros y las cuevas.
Si había hermanos mayores, los pequeños tenían permiso para cosas como salir a pasear en barca, como es este caso, o quedarse hasta las tantas en las fiestas del pueblo.
Los accidentes y las heridas eran relativamente frecuentes, lo que no era tan habitual era salir pitando para urgencias, cosa ridícula cuando en cualquier casa existía el alcohol de 96º y la mercromina; que casi dolía más la aplicación del alcohol que el raspón en sí mismo. Eso sí, luego se lucían las tiritas y las postillas a modo de medallas o marcas de "tío duro", pues por entonces sólo llevaban tatuajes los marinos auténticos.
Las meriendas consistían en bocadillos de chorizo o un trozo de pan con unas onzas de chocolate, a palo seco, sin batidos ni zumitos, que ahora los bolsos de las madres compiten de igual a igual con el de Mary Poppins.
El surtido de los quioscos incluía básicamente regaliz rojo y negro, chicles, caramelos de eucalipto, toreras, cebollitas y pepinillos en vinagre. Eso, y los tebeos, que comprábamos con la paga de los domingos después de misa.
Era una época en la que había que cuidar la ropa para que el hermano siguiente la heredase en buen uso, y en la que el ideal estético de las niñas, lejos de ser el de unas grotescas prótesis mamarias, era tener una melena larga y rubia.
Todos usábamos expresiones como "chincha revincha" o "la trampa rescampla" y no hacían falta tantas alusiones a una dudosa profesión materna como se oyen ahora, los juguetes no se compartían con facilidad, y ser el dueño del balón daba el rango de jefe del juego.
En muchas cosas hemos mejorado, afortunadamente, pero si en algo han perdido los niños de ahora, creo que podría ser en falta de libertad y quizás en falta de espontaneidad, por mucho poder adquisitivo y muchas "maquinitas" que dominen, ¿o será que yo lo recuerdo así?

domingo, 3 de agosto de 2014

Orilla en azul.

La orilla del mar, la unión del agua y de la arena sigue siendo mi paisaje favorito. En ningún espacio natural me siento mejor.
Comparto con vosotros un poema de José Gorostiza, titulado "La orilla del mar":

No es agua ni arena
la orilla del mar.

El agua sonora
de espuma sencilla,
el agua no puede
formarse la orilla.
Y porque descanse
en muelle lugar,
no es agua ni arena
la orilla del mar.

Las cosas discretas,
amables, sencillas;
las cosas se juntan
como las orillas.

Los mismo los labios,
si quieren besar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.

Yo sólo me miro
por cosa de muerto;
solo, desolado,
como en un desierto.

A mí venga el lloro,
pues debo penar.
No es agua ni arena
la orilla del mar.