domingo, 9 de febrero de 2014

Paseando al perro.

Una mañana soleada, un perro y a pasear por la arena de la playa.
Este es un pequeño homenaje a los perros. ¡Cuánto debemos a las mascotas! A muchas personas ayudan a salir de casa, a relacionarse, a no sentirse solos, a manifestar sentimientos... ¡a vivir! Es verdad que son amigos fieles y, bien entrenados, ya sabemos lo que pueden hacer en la búsqueda de personas en las catástrofes, en la detección de drogas o como terapia rehabilitadora para ancianos, autistas y otros tipos de discapacidades.
Observo con agrado cuánto se ha cambiado, para bien, en el trato que reciben los animales. Están cuidados, vacunados, limpios y mimados. Sus dueños emplean mucho esfuerzo y dinero en mantenerlos en las mejores condiciones. También es verdad que hay algunos que se pasan de la raya, y alcanzan el ridículo tratándolos como a pequeños humanos consentidos, dañando a la vez al perro que, por lo visto, debe ver siempre a su dueño como el jefe de la manada.
En todo caso a mí, que ni tengo ni he tenido perro, me gusta mirarlos, ver sus expresiones, como corren, como esperan pacientemente a la puerta del súper, como guían al ciego, como se dejan acariciar por los niños... Y eso que algunos me dan miedo, e incluso mucho miedo, pero en resumidas cuentas pienso que el mundo es mejor con ellos.

2 comentarios:

  1. Yo me cruzaba de acera hasta que tuve a la primera amiga. Conocer su mundo lleva aparejada una auténtica conversión, Lucía y una sonrisa casi constante.
    Para este hombre de la imagen todavía sin cambiarse el atuendo del trabajo, incluso con zapatos de suela, habría sido un inconveniente sólo el hecho de pensar en sus (pocas) obligaciones para con el animal ; pero ahí le tienes tirándose literalmente al esparcimiento compartido con su mascota ... Tiene que ser por algo y te aseguro que ese algo, es mucho.
    Un beso.

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  2. Veo que eres conversa y devota, ¡disfrutalo! Yo también creo que mejora la vida.

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